viernes, 9 de octubre de 2026

¡Asaltar las murallas desde la plaza y desde las urnas!



Hay que mirar atrás… otra vez. La Gran Crisis de 2008, que se presentó como inesperada, había sido anunciada por varias crisis previas, como la de las Cajas de Ahorro en USA o la burbuja “punto com”. Por entonces también debíamos saber que el hormigón, la vivienda y el suelo como sectores sólidos y en revalorización permanente era una invención que una y otra vez se hundía –casos de Florida, Luisiana…-, pero se permitió que se pusiera en marcha la mayor burbuja inmobiliaria y la mayor estafa bancaria de la Historia desde el crack del 29 llamándolo, en ese caso, ingeniería financiera.

Los culpables fueron muchos: banqueros, políticos; maquinarias administrativas en las que se enmarañaron empresas públicas, lobbies, corporaciones, fundaciones, consorcios y otros muchos inventos diseñados para que sus presupuestos y gestión escapen al control público; presidentes y gerentes de grandes multinacionales de sectores básicos, dueños de corporaciones mediáticas y sindicatos.

Los principales nombres pueden encontrarse en las listas Forbes, pero si hay que personificarlas en políticos –más identificables por la ciudadanía que esos oscuros personajes y sus muchísimos cómplices- en España hay que señalar al binomio Aznar-Rato.

Aunque la burbuja inmobiliaria –como la crisis financiera- se gestó en Wall Street y en la City londinense, infectó a casi todo el sistema mundial –menos China- y prendió especialmente en España cuando Aznar y los ideólogos neoliberales del PP pusieron el urbanismo al servicio de la especulación aprobando la norma que permitió legalizar la burbuja: todo el suelo es urbanizable excepto aquél que sea especialmente protegido por la Ley; es decir, que si se desea evitar que se construya en un paraje de enorme valor ecológico hay que iniciar un costoso y largo proceso legal que casi siempre llegará tarde, porque lo legal es meter las máquinas y empezar a construir. En muy pocos años se levantaron millones de viviendas en lugares en los que da vergüenza mirar y a eso lo llamó Aznar “el milagro económico español”.
Las empresas constructoras extendieron sus tentáculos por todo el sector productivo -incluido el de los medios de comunicación- y los políticos facilitaron la impunidad legal de la especulación financiera y empresarial.  El sistema financiero español, que había logrado salir inmune de la crisis de las hipotecas sub prime, gracias a una política conservadora del Banco de España, cayó de lleno en las hipotecas basura y en la financiación especulativa a las grandes empresas constructoras, inmobiliarias y promotoras.

Esta situación se encontró José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre de mucha sabiduría política pero poca económica y que se rodeó de un club de fans en lugar de verdaderos asesores, llevó a cabo una primera legislatura espectacular: sacó a las tropas españolas de Irak, logró el fin de ETA, creó la Unidad Militar de Emergencias, aumentó un 22 por ciento el salario mínimo y aprobó leyes de tanta trascendencia como la de Dependencia, el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, la Ley de Memoria Histórica, la Ley Integral contra la Violencia de Género y la de Igualdad efectiva entre hombres y mujeres… Pero, temeroso de que pinchar la burbuja provocara una crisis que hubiera sido muchísimo menor pero le hubiera restado votos –lo que sucedió igualmente-, ocultó y negó la realidad, y siguió haciéndolo cuando la crisis mundial iniciada en Estados Unidos con la caída de Lehman Brothers hizo estallar la burbuja. El frenazo del préstamo interbancario –el combustible del sistema- pilló a las empresas constructoras y promotoras con deudas gigantescas y su derrumbe arrastró a todos los demás sectores, sobre todo a los autónomos y pymes, que son el verdadero motor del crecimiento español.

Salieron a la luz las trampas del sistema financiero español. Salió a la luz la maraña de intereses localistas con las que las Cajas de Ahorro financiaron el boom especulativo y endeudaron a todas las instituciones públicas. Y salieron a la luz las hipotecas basura que los bancos concedieron  por hasta el 110 por ciento del valor de las viviendas a millones de españoles, que quedaron así atrapados porque resultaron imposibles de pagar, engrosando además la deuda bancaria.

¿Y qué hizo Zapatero? Dio luz verde a la fusión de ocho cajas de ahorro en un nuevo banco, Bankia, y le otorgó un crédito, a través del Frob, de casi cuatro mil quinientos millones de euros, que sirvió para cerrar cientos de oficinas, despedir a miles de trabajadores, cerrar el crédito a las empresas provocando su cierre masivo y embargar cientos de viviendas cuyos propietarios no pudieron devolver los créditos que esas mismas entidades les concedieron. Y al frente de Bankia, el ex ministro de Economía de Aznar, Rodrigo Rato, que por entonces cobraba cinco millones de euros, contando las opciones de acciones y otras gabelas con las que los directivos tratan de disimular su sueldo real. Los menos de dos años que pasó después en la cárcel, sin duda, le compensaron. ¿Qué hizo la ciudadanía? Incapaz de entender qué estaba sucediendo y por qué y, sobre todo, de identificar a los culpables, votó al PP. ¿Y qué hizo Rajoy? Regalar más de 60.000 millones de euros a los bancos. ¿El resultado? Más de seis millones de parados y más de 500 desahucios diarios, 684.000 sólo entre 2008 y 2012.

La ciudadanía, indignada, salió a la calle y se quedó en las plazas, en un movimiento, el 15-M que tuvo eco en todo el mundo. Pero no consiguieron la Democracia Real que pretendían y que pasaba por separar las escuelas de negocios y sus MBAs de las universidades, recuperar la Ley Steel-Glass, suprimir la financiación privada de las campañas electorales o endurecer las penas para los inductores de la prevaricación… medidas que podían haber rescatado la democracia secuestrada por el corporativismo y amenazada ya por la ultraderecha y dar una nueva vida al mundo político y controlarlo. Pero optaron por castigar a los políticos con el voto en blanco y la abstención, castigo que supuso la victoria aplastante del PP, es decir, del corporativismo y de las élites que lo componen. Y de esos polvos llegamos a estos lodos.



Todo esto lo contó ya el periodista José Luis Estrada en 2011 en sus libros titulados “¡A la plaza!”, el primero de los cuales dedicó “A los jóvenes sin futuro y adultos mal aparcados por la crisis”, el segundo “A becarios sin sueldo, banqueros sin bonus y catedráticos ociosos”; el tercero, que incluía también los anteriores, era un “Viaje al corazón de la bestia que ocultan los Mercados” y se editó el 14 de marzo de 2012, víspera de su muerte, como un alegato a los “prescindibles”, los millones de personas de los que el sistema puede prescindir, expulsándolos del mismo, en diversas y crueles formas, sin que quienes detentan el poder -aquellos que manejan los hilos del Mercado en el que se ha convertido el mundo, en beneficio propio-, corran un riesgo serio de perderlo. Preparaba entonces otros dos libros: uno sobre el “Mundo feliz” al que nos empuja el corporativismo utilizando para ello a la ultraderecha, y otro –“Sin impuestos no hay paraísos, salvo los fiscales”- vaticinando el estallido de la burbuja de la comunicación, y explicando la única y sencilla fórmula para salir de la crisis, la reforma fiscal.

Hay que volver a salir a la calle, sí; hay que ocupar las plazas, sí. La protesta vuelve a ser inevitable y justa. Pero hay que leer, pensar, debatir… y tomar lecciones del pasado. Volver a caer en la abstención ya sabemos que no es un castigo a los políticos corruptos o timoratos. Hay que llegar al corazón de la bestia, hay que ir contra la élite mundial y sus dirigentes, tan inmorales como ineptos, que han convertido el sistema financiero en un casino, llevado a la ruina a las empresas productivas, responsables de todas las crisis de este siglo –empezando por la mayor, la ambiental- y puesto a los políticos a su servicio para reducir a cero el papel del Estado, desprestigiar  la política y aupar al poder a la ultraderecha.

Todos tenemos que elegir –en las acampadas, en las movilizaciones y en las urnas- iniciar un nuevo asalto de las murallas de Troya o embarcarnos, como Ulises, de regreso a Ítaca, a la paz interior o la del hogar. Yo elijo Aquiles... o Maricarmen.



sábado, 8 de agosto de 2026

Marc Tassoul, el creador de creatividad

 

Suelo citar como norma para reconocer una obra de arte la que me dijo mi admirado Ramón Carnicer: “Tiene que ser ética, estética y ecológica”. En estos tiempos en los que los ecologistas queman los bosques, las vacunas matan y los asesinos de niños y sus cómplices se dicen cristianos, sin reconocer otro dios que el dinero; en los que se llama nazis a las mujeres que defienden sus derechos como seres humanos iguales a los demás y se inyecta testosterona en los hombres que dudan; en estos tiempos en los que los valores que creíamos universales –paz, democracia, convivencia, respeto, igualdad, bondad, compasión, generosidad, solidaridad…- son escupidos con el título de buenismo y los gobernantes alardean de su codicia y falta de escrúpulos; en estos tiempos en los que la inteligencia artificial asfixia la imaginación, nadie tan necesario como el belga Marc Tassoul, ingeniero aeroespacial y profesor de la Universidad Tecnológica de Delft (Holanda) y autor del manual de importancia mundial “Facilitación creativa”. Y, sin embargo, ha fallecido. Por eso me siento impelida a reivindicar la personalidad y obra de una de las pocas personas que convirtió la ciencia en arte, pues además de estética –dedicó sus investigaciones y docencia a promover la creatividad- y ecológica –valor que presidió toda su vida y obra- fue un ejemplo de ética, ya que, además de su labor docente, de sus trabajos como diseñador industrial y de las conferencias que impartió por numerosos países, dedicó años a enseñar a los más pobres a desarrollar su creatividad y utilizarla para ganarse la vida y mejorar, al mismo tiempo, la vida de sus comunidades.

A los habitantes de las barriadas más míseras de Medellín y Bogotá les enseñó que la creatividad se puede aprender, que la fantasía se puede utilizar como una herramienta, no sólo para fabricar nuevos productos sino para crear pequeñas e innovadoras empresas con proyección social y sostenible. De ese modo, a la tríada de Carnicer, él añadió la economía, en lo que llamaba “bienestar sostenible”. Para ello, entre otras cosas, este referente mundial afirmaba que hace falta “escuchar, no tener egos y respetar todas las opiniones”, lo que además de seres imaginativos y emprendedores, nos convierte en mejores seres humanos. “Podemos decir que queremos acabar con la pobreza en el mundo, pero hay que buscar a personas para ayudar y hacer algo por ellos en el contexto en el que se encuentran”; hay que “crear una visión compartida”, “estimular la generación de nuevas ideas pero, sobre todo –porque es lo más difícil- aprender a analizarlas y desarrollarlas”.


“Todo lo que se aprende de él está orientado a trascender y a tener un impacto en los estudiantes, en los procesos y en el entorno”, dijo la vicerrectora de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la Universidad Católica del Norte, una de las instituciones en las que impartió talleres para demostrar que las cuestiones más complejas pueden resolverse con amplitud mental y  metodologías participativas.

Tal como señala el Diccionario de las Ciencias de la Educación Santillana, de 1995, el término creatividad es muy reciente, de modo que aún lo es más su inclusión como concepto de estudio y ello, en buena parte, gracias a Marc Tassoul, que publicó la primera edición de su manual hace veinte años, quince antes de que la UNESCO decidiera crear el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible (2021) en atención, entre otros motivos, a que “es un elemento esencial de la vida espiritual, pero también de la vida material y económica de las sociedades e individuos, reconocida como un recurso renovable e ilimitado, que “tiene un impacto en los procesos de cambio transformativo” y puede plantear nuevas oportunidades para crear el mundo que queremos, uno más equitativo e inclusivo, para no dejar a nadie atrás y no dejar a nadie afuera, como preconiza la Agenda 2030.

Tuve el lujo de contar con la amistad de Marc Tassoul durante treinta y cinco años y puedo decir que su personalidad era coherente con su obra, pues estaba dotado de tanta imaginación como generosidad y sentido del humor. Amante del aeromodelismo y del jazz, excelente músico; admirador de la cultura hispana, siempre mantuvo vivo, dentro del profesor adulto e intelectual, al niño alegre, inquieto, libre de prejuicios, capaz tanto de conmoverse ante las injusticias del mundo como de mantener la esperanza… ¡el niño que dibuja Bansky en sus murales! Pues en estos “malos tiempos para la lírica”, aun comprendiendo a Brecht cuando se confesaba incapaz de mostrar su “entusiasmo por el manzano en flor” mientras resonaban “los discursos del pintor de brocha gorda”, Marc Tassoul podía ver “la gigantesca red del pescador”, pero también “las barcas verdes y alegres velas” en el mar.




domingo, 2 de agosto de 2026

Nüremberg y la prioridad nacional

 


Hace unos días mi admiradísima escritora Arundhati Roy publicaba un amplio y optimista artículo de opinión sobre el movimiento de las cucarachas. Recordemos que este movimiento empezó con un comentario del presidente del Tribunal Supremo de la India llamando “cucarachas” a unos jóvenes indios en paro. Un estudiante hindú residente en Bostos, Abhijeet Dipke, comentó en Instagram: “¿Y si todas las cucarachas se unieran?”. Respondieron millones de personas, que crearon el Partido Popular de las Cucarachas, pidiendo la dimisión del ministro de Educación por permitir que, de forma habitual, se filtren los exámenes públicos, destrozando la vida de millones de jóvenes que pasan años preparándolos y las familias que, a menudo, han tenido que vender sus tierras o su casa para financiar esos estudios y pagar las tasas del examen. El pasado 20 de julio, a pesar de todas las trabas y amenazas gubernamentales, decenas de miles de jóvenes consiguieron manifestarse: “Musulmanes, hindúes, cristianos, sijs, budistas, personas de todas las castas y clases sociales, nos mostraron, nos demostraron, la India posible, la hermosa India de nuestros sueños”. La brutalidad policial con la que fueron enfrentados (más de sesenta heridos) despojó al Gobierno de su guante de terciopelo y dejó al descubierto su puño de hierro, “un puño de hierro fascista. Una confederación de brutos sin capacidad de comprender la historia ni la diversidad del país que gobiernan. Gente que solo sabe odiar, pero que no tiene ni idea de lo que es amar. Ni pensar”. El movimiento consiguió la dimisión del ministro de Educación, pero sus aspiraciones van más allá: denunciar, en palabras de Dipke, un país en el que “todo depende por completo de la religión, la casta, la clase social, el origen étnico y el sexo de cada uno”.

La última y miserable disposición del Gobierno de Modhi es la Ley de Enmienda de la Ciudadanía, que Roy define como “la versión del nacionalismo hindú de las Leyes de Núremberg aprobadas en 1935 por la Alemania nazi, mediante las cuales el Tercer Reich concedía la ciudadanía a los alemanes en función de sus Certificados de Origen”. ¿Es la ley de prioridad nacional su futura versión española?



miércoles, 8 de julio de 2026

La decadencia del Imperio

 

Ciertamente, los imperios caen, pero lo curioso es que quienes los hacen caer utilizan la decadencia que ellos mismos provocan para justificar y afianzarse en su poder. Quizá el proceso de decadencia más estudiado ha sido el del poderosísimo Imperio Romano, que, por cierto, les encanta a dictadores y populistas aunque a menudo demuestren saber muy poco de él. Fascinó a Carlos I, Mussolini o Reagan y también Elon Musk ha compartido memes comparando Estados Unidos con el Imperio Romano. Les gusta el Imperio, les gusta anunciar su decadencia y les gusta presentarse como sus salvadores. Ya en su época, lo hicieron los Gracos, Catón el Viejo y Mario y Sila, que convirtieron los años finales de la República en una orgía de sangre, dando paso a Augusto, que transformó Roma en su cortijo. Trump hace lo mismo con el mensaje de todo está en decadencia –la ONU, Europa, la OTAN, la democracia, el laicismo…- y he venido a reformar esas antiguallas ya inservibles para salvar el Imperio. La cuestión es que ya sabemos cómo terminó todo y podemos vaticinar cómo acabará esto.

El historiador norteamericano Edward J. Watts, en su apasionante obra “La decadencia y caída de Roma. La clave para entender el mundo de hoy”, no en vano empieza mencionando a Trump y Abascal –España se rompe, nos gobierna un dictador comunista, el país vive en el caos, pronto seremos todos musulmanes…- como ejemplos políticos que hoy utilizan la idea de decadencia para presentarse como la única medicina posible ante los supuestos males.

El libro recorre desde el inicio de la República romana hasta la caída del imperio romano de Oriente en un detallado y exhaustivo recorrido histórico que va desvelando, junto con los hechos, los resortes del poder y el uso de la propaganda para generar un estado de opinión que justifique un cambio en el poder. Él resume la decadencia y caída de Roma en tres factores: la retórica de la decadencia, la promesa de renovación y la identificación de los inmigrantes como culpables de todos los males.

La amenaza exterior es una fórmula siempre eficaz. De hecho, aún se estudia en los libros de texto que la principal causa del fin del Imperio Romano fueron las invasiones bárbaras, cuando historiadores como Mary Beard muestran que las principales razones del colapso fueron internas. De hecho, los invasores promovieron desde la poesía en latín al Derecho. Y no fueron los bárbaros los sucesores del Imperio Romano, sino los cristianos, que también terminaron imponiéndose por la fuerza –Constantino llegó al poder con una guerra civil- e imitaron el modelo a derribar, creando, en palabras de esta historiadora, “un imperio que ya no es de dominación política, sino de la mente y, por tanto, un imperio sin límites”.


Imagino que Trump aspira a ser Constantino. Al menos, el gran proyecto urbanístico para la nueva Roma a la que puso su nombre –Constantinopla- y que presidía una gigantesca estatua suya, recuerdan el escandaloso proyecto para Gaza. Aunque, en su lado más grotesco, también se parece un poco a Heliogábalo, por sus ostentosos banquetes, su pérfido sentido del humor y seguramente Trump no desdeñaría la afición de ese emperador a ser transportado por mujeres desnudas.

Andrés Bello aporta un matiz: no son los datos fehacientes, sino los relatos emocionales y los narradores convincentes los que hacen que la gente pueda sentir esa decadencia aunque no pueda verla ni constatarla, así como la necesaria renovación, aunque sea imaginaria.

Pero Watts es optimista: “Yo tengo la esperanza de que podamos utilizar el ejemplo de Roma para elaborar un relato diferente que, más que sembrar la división, fomente la cohesión ante todos los graves desafíos sociales, económicos y personales que ahora tenemos por delante”. Roma resistió y creció cuando se dedicaron a reparar lo roto o desgastado, no a destruirlo; cuando, sobre todo durante los siglos II y III, los ciudadanos eran colaboradores, no víctimas, y en lugar de derribar la sociedad, fortalecieron su salud y su vitalidad. La receta es que cuando realmente llega la decadencia, hay que centrar la retórica en una restauración colaborativa -mejorar el funcionamiento de la ONU y del Parlamento Europeo, hacer más transparentes las instituciones democráticas, mejorar el Estado autonómico y/o la Constitución, solucionar los problemas agrarios y medioambientales…- porque si la respuesta es destruir para que un iluminado nos salve, el resultado es el incendio.

 

 


sábado, 16 de mayo de 2026

15 años después, cuando la indignación se ha convertido en rabia

 



Hace quince años José Luis Estrada y yo volvimos a ser jóvenes. Si cuando tenía

trece años fue para mí una revelación leer “El manifiesto comunista” de Karl Marx,

cuarenta años después de evolución personal e ideológica, tuve otra revelación a través

de un libro, “La civilización inconsciente” de John Ralston Saul. Al primer libro accedí

a través de mis hermanos, entonces universitarios progresistas; a éste, a través de José

Luis, que lo convirtió –junto con “Los bastardos de Voltaire”, del mismo autor- en su

libro de cabecera y le abrió un apetito insaciable por la política económica. Por entonces

trabajábamos en Diario 16 Burgos, el periódico que él dirigía, y empezó a escribir

artículos alertando de los peligros de la economía especulativa y el neoliberalismo, y

vaticinando una crisis económica que haría palidecer a la de 1929.

Ya en León, cuando estalló la crisis de 2008 se puso a escribir un libro (él lo

llamaba panfleto), “¡A la plaza!”, en la que desentrañaba la actuación de los Mercados

que, en su opinión, estaban secuestrando la democracia y ponían en riesgo de desparecer

instituciones como la Unión Europea; denunciaba el papel de las Escuelas de Negocios,

que habían convertido el sistema financiero mundial en un casino, y el corporativismo

que había invadido la política y la había puesto a su servicio, desprestigiando a los

políticos y haciendo el trabajo sucio a la ultraderecha, cuyo ascenso Estrada analizaba

minuciosamente, tanto en Europa como en América.

En ese panfleto, José Luis lanzaba algunas propuestas al debate público y un

llamamiento para crear un movimiento de rescate de la democracia, y en ello estaba

cuando empezamos a ver esos carteles en blanco y negro que llamaban a una

movilización el 15-M y a la que nos unimos inmediatamente.

Lamentablemente, José Luis iba un paso por delante. En ese momento, muchos

de los reunidos en la plaza –la del Sol en Madrid, la de Botines en León- abogaban por

soslayar las instituciones y mantenerse al margen de las Elecciones. Nosotros

pensábamos que reinventar una democracia real pasaba por participar activamente en

ella; que renunciar a ser votantes y votados era resignarse a que a los ciudadanos se nos

tratara como meros clientes. José Luis me animó entonces a entrar en la candidatura de

un partido que, inicialmente, se había formado en Villaquilambre con mi propia

participación y que podía abrir la puerta a una alternativa ciudadana a los poderes

fácticos de siempre –representados en León por Isabel Carrasco y Paco Fernández-, lo

que José Luis llamó “el partido de las víctimas de la crisis y contra la corrupción”. Era

una definición no ideológica, pero sí con un ideario que se plasmó en un programa, una

estrategia y una filosofía contenida en su obra “¡A la plaza. Panfleto para jóvenes sin

futuro y adultos mal aparcados por la crisis”.

Ese partido, con vocación local, no obtuvo ningún éxito, pero sus propuestas

coincidieron en buena parte con Podemos, un partido con el que nos sentimos afines en

esos momentos, aunque su deriva ha sufrido los mismos avatares que aquejan

históricamente a la izquierda: la división y subdivisión sin límite.


Actualmente, sigo pensando en el 15-M como un movimiento crucial, no sólo

por sus repercusiones en España sino también fuera del país. Aún recuerdo, cuando

vivía en Malta –donde me trasladé tras la muerte de José Luis y de mi madre intentando

recomponerme y recomponer mi familia- una colección de ratones de ordenador que

vendían en el principal centro comercial de la isla; cada uno tenía la bandera de un país

europeo y un lema que lo caracterizaba, como “Viva la pizza” en el italiano o “Vive

l’amour” en el francés, y en el español ponía “Podemos”.


No obstante, en mi opinión –y como conclusión- lo único que queda de ese

movimiento es el temor a una ciudadanía que ha sustituido la indignación por la

rabia –y la indignación sabe dónde quiere ir en tanto la rabia es ciega- y la

necesidad, cada vez más imperiosa, de unidad en torno a las ideas básicas de los

demócratas progresistas. La muerte de las ideologías no esconde el hecho de que

siempre ha habido y hay dos caminos, tanto en lo personal como en lo político: el

que conduce hacia los demás y el que conduce hacia uno mismo, es decir, el camino

hacia el interés privado o el camino hacia el interés público y la solidaridad, y crei

que éste sigue siendo, por suerte y en el fondo, mayoritario, pero desactivado por

las divisiones en torno a cuestiones de menor importancia y por la frustración.



viernes, 6 de marzo de 2026

Patriotas vs lameculos





Vivimos malos tiempos para la coherencia. Cuando yo era joven, era importante. “Hay que ser consecuente” era una frase muy repetida y asumida hasta su deformación porque se utilizaba para reproches absurdos, como “los que somos de izquierda no podemos llevar ropa cara” o “los ecologistas tenemos que ir en bici”. Había gente que exigía ser consecuente hasta sus últimas consecuencias… si se me permite el juego de palabras. Ahora también se utiliza, pero no como exigencia de quienes piensan parecido a ti sino como auto justificación de quienes piensan lo contrario; por ejemplo, los partidarios de “consume y contamina cuanto puedas” le reprochan a Greta Thunberg que no viva como una eremita. En todo caso, se le está dando tan poco valor a esta cualidad, que se exhibe su ausencia sin el menor sonrojo. 

En todas las intervenciones y apariciones de los líderes ultras aparecen tres principios claramente definidos: la virilidad, el patriotismo y la religión. No comparto ninguno de ellos, pero sí esperaría algo de coherencia en sus defensores. Y he aquí que el Aznar-Cid Campeador y el Abascal-soldado de los Tercios se dedican a lamer el culo (no hago sino utilizar las palabras textuales de Trump) de un presidente que ataca constantemente a España y a los países hispanoamericanos –incluso ha dicho que el personaje histórico al que más admira es a Mac Kinley, el que “robó” a España sus últimas colonias-, en tanto su gran enemigo, el presidente español, muestra una impresionante valentía al oponerse al villano macarra que está incendiando el mundo y arrasando leyes y derechos y reivindicando la soberanía sobre nuestro territorio, incluida Rota. Respecto al patriotismo… están dejando claro que los intereses de España, amenazados por la política de Trump y por las consecuencias de las guerras que provoca o alienta (el robo del petróleo de Venezuela, los aranceles, el bloqueo del estrecho de Ormuz…) les dan igual. Es más, tienen la desfachatez de erigirse en líderes de los campesinos a pesar de que el cambio climático que ellos niegan es el causante de que se les inunden los campos o que haya cientos de pueblos que ya no tienen agua potable. Y respecto a la religión, es imposible saber cuál es la que profesan, pues no les gustaba el Papa Francisco y tampoco les gusta el actual, pero aún menos el mensaje de Jesús sobre el que se fundó la religión católica, un mensaje de amor, paz, hermandad y tolerancia: ¡con quienes se confiesa esta gente que aprueba la matanza de inocentes, el bombardeo de escuelas y hospitales, el exterminio de niños! De todos modos, la civilización occidental que defienden frente a la posible influencia de los musulmanes, no tiene nada que ver con la religión católica, que surgió en Oriente en el seno del pueblo judío, sino con la democracia, que ellos menosprecian y destruyen. 

Ni siquiera hay coherencia entre quiénes son estos personajes y sus referentes. Al menos Hitler escuchaba a Wagner, en tanto Trump se queda con Village People y Abascal con Los Meconios. Como su idolatrado Franco, nuestro aspirante a reyezuelo tiene la misma capacidad de crueldad de todos los grandes dictadores, pero en formato ridículo.






domingo, 4 de enero de 2026

¡A saco!

 

Imagen de TVE

El secuestro del presidente de Venezuela y su mujer y la ocupación de Venezuela no puede dejar de recordarme la invasión de Austria en 1938, a la que poco después siguió Checoslovaquia y, un año después, la de Polonia, mientras los países demócratas le daban vueltas al asunto y decidían hacer lo que hicieron cuando, en el 2000, contemplaron sólo de reojo la ocupación por Rusia de Crimea, Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia y, finalmente –de momento- Donetsk y Lugansk, en Ucrania.

Pero seguir escondiendo la cabeza sólo hará que los tres monstruos –Trump, Putin y Xi Jinping- sigan devorando el planeta. Trump ya lo ha anunciado claramente amenazando pública y abiertamente a Cuba, Nicaragua, Colombia, Brasil y arrinconando, en el más puro estilo del matón del patio, a la presidenta de Méjico, la de Dinamarca y al presidente español. ¿Por qué –me pregunto- amenazar a una persona es un delito, pero amenazar a un país no?

La respuesta oficial es algo así como “es por su bien”, como explica con la ironía que le caracteriza el periodista John Carlin. Trump ya ha dicho recientemente que Putin quiere lo mejor para los ucranianos que, supongo, es inculcarles los valores con los que gobierna Putin: corrupción y ausencia de libertad de expresión y valores democráticos;  y en Palestina ya ha demostrado que lo mejor para los niños es la mano dura de Netanyahu: matarlos, mutilarlos o dejarlos morir de hambre. También persigue la paz, con tanto éxito como el que ha conseguido –dice- acabando con la guerra entre Albania y Azerbayan, una guerra tan desconocida como improbable, más que nada porque se trata de dos países que él cree vecinos pero que están a 2.500 kilómetros de distancia. También en pro de la paz quiere eliminar la relevancia de la Unión Europea, esa banda de debiluchos con una civilización obsoleta, y la forma de hacerlo es propiciar la llegada al poder de partidos que piensen como él, dispuestos a acabar con la justicia social –de la que algunos dirigentes, como la Ayuso, incluso se burlan públicamente- en aras a una política común, la suya, e invertir en Inteligencia Artificial –que no entiende de tonterías como la ética- y, de paso, cumplir el sueño de su amigo Elon Musk de conseguir ser el primer trillonario.

No sé si Maduro es un narcotraficante. En todo caso, sí sé que ése no es el motivo de su secuestro. Prueba fehaciente de ello es que poco antes, Trump otorgó el perdón presidencial a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, que ya había sido juzgado y condenado a 45 años de cárcel por tráfico de narcóticos y armas. Cuando apenas había cumplido un año, Trump lo ha dejado en libertad y además ha pedido a los hondureños que voten a su partido. Se ve que hay narcotraficantes buenos y malos. De lo que no me cabe duda es que Maduro es un dictador cruel, mafioso e incompetente, pues mantiene a un 80 por ciento de su población viviendo en la pobreza en un país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Pero condenar el secuestro de maduro no tiene nada que ver con apoyarle, como condenar el genocidio de los gazatíes no tiene nada que ver con defender el antisionismo.

Queridos venezolanos –incluidos mis familiares que están allí resistiendo y otros exiliados-, la ocupación de Trump no va a acabar con la dictadura ni va a suponer el enriquecimiento general de la población. Sucederá como en las invasiones de Afganistán, Irak y Libia, que sólo dieron lugar a nuevas dictaduras y a un desastre económico y social  que perdura décadas después.  Trump no quiere liberaros del yugo, sólo robaros el petróleo, a costa de añadir a la pobreza, más violencia.  Es más que comprensible vuestro deseo de libraros de Maduro y su gobierno autoritario y corrupto, pero sólo podréis hacerlo con una revolución que surja desde abajo, desde la base social, como hizo en su momento Chaves y su revolución bolivariana. Bien es cierto que, como bien dice en La Vanguardia el periodista Xavier Mas, la revolución suele devorar a sus hijos y sus líderes se convierten en sátrapas, pero entonces esos hijos de la revolución tienen que devorar a sus sátrapas, no regalar su país a una corporación.

Pero, además, apoyar las acciones de la Corporación Trump, además de perjudicar a los pueblos, tienen un efecto perverso en todo el mundo, porque son ilegales: ilegal para las democracias de todo el mundo, porque las prohíbe terminantemente la Carta de las Naciones Unidas, y para el propio Estados Unidos, cuya Constitución no permite una acción como ésta sin el permiso previo del Senado. Y permitir que los países incumplan la ley es un ataque directo a la democracia, es imponer la ley de la jungla, es apostar por un mundo basado en la fuerza y el dinero y es un retroceso brutal en la civilización humana.

El neonazismo avanza. Ya son Gaza y Venezuela; pronto serán más países, mientras Putin tiene vía libre en Ucrania y China, en Taiwan. Los tres dueños del mundo van a saco.

 

Imagen de redes sociales

miércoles, 9 de abril de 2025

Todo por la pasta

 
Ilustración deChristoph Niemann para The New Yorker


No nos equivoquemos. No hay ideología ni siquiera una idea suelta detrás de la política de Trump o Putin. Putin es, sencillamente, el representante de la mafia rusa, el que cuida de sus intereses desde el poder y Trump el representante de la mafia de los plutócratas –Musk, Bezos, Zuckerberg…-. Es normal que hoy hagan una política ultraliberal y al día siguiente ultra proteccionista. Es normal que hablen de libertad y, al mismo tiempo, impongan la censura. Es normal que expulse a los inmigrantes, pero ofrezca asilo a los supremacistas blancos de Sudáfrica por “discriminación racial”. No hay en sus cabezas ningún propósito preconcebido que no sea el de ganar más y más dinero y hacérselo ganar a sus amigos. Igual que las familias de la mafia italiana se sentaban a una mesa para repartirse barrios y ciudades, éstos se sientan para repartirse el mundo, y utilizan las mismas tácticas de chantaje. Se vio claramente en la entrevista de Trump y Zelenski: “Te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar: dame tus tierras raras, dale a mi socio las tierras que quiere y mis sicarios quizá te protejan… o quizá no, pero es tu única opción”.

Ilustración de Malet para el artículo "Casa Blanca, Casa Nostra" de John Carlin en La Vanguardía

Por más que los disfrace como una forma de llenar las arcas públicas, los aranceles no son sino otra forma de extorsión para llenar bolsillos privados. Así, por ejemplo, el día antes de imponer los brutales aranceles a China, Trump  le hizo otra oferta que no podría rechazar: permitir a Byte Dance vender una participación en su popular red social de vídeos TikTok. Puro negocio privado. Lo que pasa es que China sí rechazó la oferta porque tiene muchos más años de dictadura a sus espaldas y se mueve mejor en esas turbias aguas. Y aunque ha repartido aranceles a diestro y siniestro, Trump se ha cuidado muy bien de que las gigafactorías de Tesla (Musk) en distintos países queden blindadas. Y, en adelante, cuando los distintos líderes se presenten a sus pies para negociar, él impondrá condiciones que, en todo caso, tendrán que ver con negocios privados, no con intereses públicos.

No hay que dejarse llevar por el espectáculo: el queso en la cabeza de Musk, los paseos en oso de Putin, las locuras de Trump… Todo es escenografía detrás de la cual se ocultan los sórdidos garitos en los que se cuenta el dinero, en los que se convierte la sangre de ancianos, niños, mujeres, jóvenes de África, Palestina o Ucrania en yates, cohetes espaciales, palacios y cualquier mierda que pueda comprarse. No hay más que ver a Milei, haciéndose el loco con su motosierra. Dice que su política se la susurran sus perros, pero el perro que realmente le susurra qué hacer es Eduardo Elsztain, dueño del grupo empresarial IRSA, un oligopolio inmobiliario, agropecuario y minero.

Y todo viene del crack de 2008, la terrible crisis financiera que puso al descubierto las vergüenzas de la economía financiera. Supimos entonces que el capital ha quedado en manos no sólo de desaprensivos que no se juegan nada sino que, además, son ignorantes e incompetentes y pueden llevar a la quiebra cualquier gran empresa. La solución, por supuesto, estaba en dar un paso atrás y rescatar las regulaciones suprimidas en los últimos años. Pero no se hizo y se dejó a los MBAs que manejan los mercados y a los plutócratas para quienes trabajan margen suficiente para revolverse y clamar, no sólo contra la regularización del Mercado, sino a favor de la total y completa desregulación. Si algo se demuestra ser malo, insistamos con más fuerza. Todo sea por la pasta.

Y aquí estamos. Con la política en manos de quienes detestan la política, votados por ingenuos que también se desinteresan de la política  piensan que los asuntos públicos los gestionan mejor los ricos que los sabios.

lunes, 17 de febrero de 2025

Mi aventura leonesista

 


Mis aventuras (políticas) juveniles empezaron tan pronto que nunca les he dado la menor importancia: tampoco tuvieron mucha, desde luego. No obstante, preparando el libro "Ven y Mira. Historia del Cine Club Universitario de León", tropecé con la tesis doctoral de David Martínez Pérez ("Construyendo la democracia. Tardofranquismo, transición política y la cuestión autonómica en la provincia de León. 1962-1984", Universidad de Valladolid) que, para mi deleite y sorpresa menciona una de esas aventuras que se habían casi perdido en mi memoria, la creación de la Asamblea Regionalista Leonesa (ARL). ¡Nos dedica todo un capítulo! Los datos aportados no son del todo exactos, pues la plantea como una escisión del GAL por parte de militantes de la Liga Comunista Revolucionaria y el único militante de ese partido de extrema izquierda que protagonizó la escisión no estuvo en la ARL. Pero sí recuerda que introdujimos en el regionalismo leonés una visión más progresista y menos folclórica que la entonces (y única) existente, que incluimos en nuestras reivindicaciones el feminismo o la supresión de las leyes contra la homosexualidad, que participamos intensamente en la oposición a la instalación de centrales nucleares y la creación de la Universidad de León. Entre nuestras reivindicaciones, la elección de una Asamblea Regional Constituyente de las Comarcas de León, el desarrollo de los dialectos comarcales, la fundación de un Instituto de Cultura Regional... y culpábamos del atraso leonés a "oligarcas y caciques".

Aunque, con mucha razón, el autor señala que tuvimos poco éxito (lo de poco es más bien piadoso), también recoge que "dos de los objetivos de la ARL, como fueron el propiciar movilizaciones populares favorables a la autonomía leonesa y la difusión de la conciencia regional fueron en parte conseguidos, puesto que participaron en la organización de las jornadas pro-autonomía leonesas que se desarrollaron en marzo de 1978. Consistieron en actuaciones musicales, recitales de poemas y finalizaron con la primera manifestación que pretendía conseguir la autonomía leonesa. Pese a tener una ideología elaborada, sus apoyos entre la población fueron muy escasos". Yo culpo en buena parte de esa falta de apoyos al hecho de que yo era menor de edad, lo que limitaba mucho mi capacidad de actuación. Quizá también lo eran mis dos inseparables compañeros, Javi y Roca (de los que nada sé desde hace muchísimos años, porque del uno sólo recuerdo el nombre y del otro, el apellido). 

A parte del maravilloso recuerdo de mis amigos, hasta ahora sólo tenía de esos episodios destellos muy personales, casi todos ligados a esa manifestación. Para empezar, a Pedro Trapiello llamándome para participar en una grabación de TVE en el hostal de San Marcos en los minutos previos a la manifestación, junto a los otros convocantes y algunas personalidades como Miguel Cordero del Campillo; mi vergüenza de hablar ante una cámara cuando parecía una enana infiltrada, a mi madre poniéndose delante del televisor para que mi padre no me viera y se llevara el disgusto de saberme, tan cría, "metida en política" (la pobre llevaba ya cuatro años intentando evitarlo, porque antes de la ARL hubo más, pero eso es otra historia) y, lo mejor, la enorme sorpresa de salir del parador y ver la enormidad de gente que había acudido a manifestarse.

Pero si la lectura de la tesis despertó mis recuerdos, un reportaje de Fulgencio Fernández en La Nueva Crónica de León sobre las primeras manifestaciones leonesistas ha provocado un ataque de benevolencia hacia mi prematura actividad política, que hoy me atrevo a hacer pública porque, a la postre, fue la única experiencia leonesista que se ha planteado, no en términos de un nacionalismo de derechas (todos lo son, ¿no?) o de grupo de intereses en busca de una llave de gobierno y, según me dijo Lolo en la última conversación que tuve con él, ese enfoque progresista del leonesismo, despojado ya de la ingenuidad de la ARL, puede haber resurgido, cuando han pasado más de cuarenta años, en un nuevo grupo que está mostrándose muy activo, Alantre. Aunque las cuestiones autonómicas no están, desde hace tiempo, entre mis principales preocupaciones políticas, me alegro de ello.



martes, 21 de noviembre de 2023

Adiós y hasta siempre, Juan Vallejo

 

Siempre he ejercido una rara atracción hacia los chiflados (con perdón), quizá porque yo misma he sido y soy algo alocada, quizá porque sé y me gusta escuchar a la gente. El caso es que una redacción suele ser un lugar frecuentado por quienes han perdido, de un modo u otro, la razón, y necesitan divulgar sus obsesiones. Y sí, por atestada que la redacción estuviera, era a mi mesa a la que solían dirigirse. Recuerdo a uno que creía haber encontrado la solución al paro y la había escrito en un pliego de varios metros de largo de papel con letras y números colocados en espirales y triángulos. Creo que fue a partir de ése cuando mi jefe -y amado compañero, José Luis Estrada- me echó la bronca: "Pierdes muchísimo tiempo escuchando esas insensateces. En adelante, cuando se te pegue alguien así, dirígelo directamente a mi despacho y ya me encargaré yo". Así que cuando ese hombre alto, grande y de voz tronante, entró en la redacción y se me acercó afirmando que la Catedral se estaba muriendo, que tenía un cáncer llamado Cabildo, y que había que salvarla, no le dediqué un minuto: "Mire, yo creo que ese asunto tiene que contárselo al director, que está en ese despacho de ahí". Y allí se fu. Para mi sorpresa, no salió a los dos minutos, sino que se tiró dentro un buen rato y, al cabo, salió con José Luis y ambos fueron hasta mi mesa. José Luis se inclinó hacia mí y me susurró: "No es un chiflado". Luego me presentó al artista Juan Vallejo, me resumió la situación y me pidió que lo acompañara a la Catedral (de Burgos). Fue una experiencia impresionante: Juan Vallejo no sólo conocía cada elemento, estatua y recoveco de ese magnífico Patrimonio de la Humanidad, sino cada una de sus heridas y afrentas que, en efecto, eran muchísimas. Inmediatamente, Diario 16 Burgos se puso en sus manos para denunciar todos los atropellos llevados a cabo en el monumento y los efectos de la desidia, mientras Diario de Burgos, en manos del ex convicto y omnipotente empresario Antonio Miguel Méndez Pozo, nos acusaba de antiburgalesismo (entre otras muchas cosas) y proclamaba que la Catedral gozaba de buena salud (textualmente). 

Vallejo fue más allá: con un precioso tríptico que pintó representando la Catedral, se presentó en París, en la sede de la Unesco, y se plantó en la puerta hasta obtener una entrevista con el director general, entonces Federico Mayor Zaragoza, a quien presentó un dossier con todas las publicaciones en Diario 16 Burgos que revelaban la incuria de la curia (si se me permite la broma) que estaba llevando al desastre a la Catedral. La respuesta fue inmediata: la Unesco amenazó con retirar al monumento su condición de Patrimonio de la Humanidad. Pero nada conmovió al Ayuntamiento, Diputación, Junta (las tres instituciones, en manos del PP) ni al Cabildo catedralicio, hasta que, a la salida de una boda un domingo de agosto de 1999, la estatua de San Lorenzo (con 400 kilos de peso) cayó desde la torre de la fachada Norte, afortunadamente sin darle a nadie, y quedó hecha añicos en el suelo. Entonces Méndez Pozo decidió actuar y la Catedral -que hasta la víspera gozaba de buena salud dijeran los que dijeran Juan Vallejo o Mayor Zaragoza- se convirtió en objeto de salvación de manos de una asociación de Amigos que puso en marcha y en la que rápidamente entraron todas las instituciones que se habían mantenido sordas y ciegas. Poco después empezarían las obras de restauración.


Esa fue la primera batalla en la que tuve el privilegio de conocer y secundar a Juan Vallejo. La última, también tuvo a la Catedral como protagonista: la recogida de 80.000 firmas para paralizar el absurdo proyecto del Cabildo -también involucrados Méndez Pozo y las instituciones gobernadas por el PP-, de cambiar las puertas principales del monumento por otras realizadas por Antonio López, una auténtica monstruosidad de 1,2 millones de euros y monumento al ego de ese artista que consiguió, de nuevo, que la Unesco amenazara con retirar la distinción de Patrimonio de la Humanidad a la Catedral de Burgos.

Entre ambas batallas... mil y una más, porque Juan Vallejo, además de ser un artista para la eternidad, cumbre del surrealismo expresionista, es -ha sido- un intelectual comprometido con el arte, con la sociedad, con la humanidad; un intelectual que no ha dudado en arremangarse y ponerse manos a la obra, en atravesar el barro, en alzar la voz y el pincel en favor de las causas justas. Y de entrar en las cárceles para, a través de talleres de arte, llevar a los presos la libertad de pensar, sentir y crear.

Quedará para siempre haber salvado la Catedral de Burgos y haber promovido (él y Diario 16 Burgos, no el alcalde del PP que tuvo de repente la idea más de veinte años después) la declaración de Patrimonio de la Humanidad de esa ciudad. Quedarán para siempre sus magníficos murales -los de la Escalinata Real de San Pedro de Cardeña, "Sileuros" en el Monasterio de Silos, "El golpe" que, con una estructura similar al Guernica, rememora el golpe de Estado de Tejero en 1981-; quedarán para siempre los cientos de óleos y acuarelas con los que pintó El Quijote; quedará para siempre su vasta e impactante obra. Quedará su última exposición, en el Arco de Santa María de Burgos, en donde también realizó la primera, en 1949 y, tras ser censurada, provocó que se autoexiliara durante veinte años; una exposición, "Gótico", que, como un presentimiento, cerraba el círculo.



Pero también quedará, en cuantos le conocimos, el recuerdo de un hombre íntegro y valiente y el de un amigo generoso y leal. En las tres facetas -artista, ser humano y amigo- se desbordaba su grandeza; tanta, que creo que la Historia aún necesitará algún tiempo para reconocerla en toda su magnitud.





Juan, no hay lágrimas suficientes para añorarte.





Entrevista a Juan Vallejo en Canal Arte




domingo, 16 de julio de 2023

Hibristofilia, abstención y eunomía

 


Mi amiga es de Vox. No puedo discutir con ella de política. Me gusta el debate y siempre he tenido amigos de distintas ideologías y creencias. El problema es que no podemos debatir ninguna noticia porque no hay ninguna noticia que las dos conozcamos. He de decir que mantengo mi ritual de periodista de leer cada día varios periódicos –afines y no afines-, pero mi amiga no se informa por la prensa sino por las emisoras de radio y cadenas televisivas de ultraderecha, cuya información no es tal, pues básicamente se dedican a propagar bulos o noticias burdamente retorcidas. Los medios de comunicación siempre han tenido una línea editorial y han sido tanto más populares cuanto menos definida era. Hoy, sin embargo, el problema no es que esa línea editorial se haya hecho más radical y que los lectores sólo acudan a los medios afines para informarse, sino que prácticamente nadie lee ninguno. La información viene –aún sin buscarla- por medio de titulares desquiciados, memes; artículos sin firma, noticias sin fuentes, debates entre interesados vocingleros o, simplemente, tramposos; rumores, consignas… en definitiva, Red Bulolandia. Así que si yo intento discutir sobre, por ejemplo, las nuevas medidas de los ayuntamientos ultras para eliminar los carriles bici o las políticas medioambientales, ella me dice que no sabe nada de eso, pero que le interesa más que el presidente del Gobierno tenga negocios de prostitución y tráfico de drogas; o que la izquierda se haya aliado con las farmacéuticas para crear nuevos virus y matar a los ancianos con las vacunas, o que se esté ocultando a la población que el CO2 es sanísimo para beneficiar a los ecologistas que, a su vez, han ocupado las instituciones europeas para… no sé… reconozco que, a menudo, soy incapaz ni de oír esas presuntas e impactantes noticias que yo ni siquiera encuentro en los periódicos más tendenciosos.

Cada vez me recuerda más esta amiga a uno de los personajes de mi novela “Misterios Gozosos”, que almacenaba todas las teorías conspiranoicas posibles, formadas –en el peor de los casos- por una semilla de verdad que hacía crecer en una auténtica enredadera de falsedades y/o estupideces; teorías, por cierto, que nos desvían de las verdaderas conspiraciones, como el totalitarismo digital que ejercen las grandes corporaciones y las dictaduras.

Pero hay otro asunto que me inquieta, y es su admiración por una figura como la de Santiago Abascal. Ella siempre ha sido una mujer culta y de excelente gusto en todo; sin embargo, ahora se burla de “un presidente que viste como de Corte Inglés”, pero le encanta un tipo que viste con la ropa de un cazador de tres tallas menos. Y es que lo ve “como muy hombre”. Sí, quizá vuelve a ponerse de moda la masculinidad mal entendida, la del Varón Dandy, pose torera, escupitajo en la acera y pecho lobo. En el caso de mi amiga, puede que haya una historia de frustración sexual detrás, pero yo veo cierta hibristofilia: la atracción por los “chicos malos”. Los psicólogos estudian con fruición por qué los peores criminales – Manson, Breivik, Josef Fritzl…- reciben apasionadas cartas de amor de mujeres difíciles de catalogar. Al parecer, la mayoría de ellas tienen vocación de redentoras y lo que les atrae es convertirles en buenas personas, traerles al buen camino; lo que, supongo, es, en el fondo, la necesidad de ejercer un poder que se les ha negado. Yo creo que debe ser determinante la atracción por la fuerza, ese estereotipo de hombre que no rehúye la violencia y es capaz de proteger a su mujer de cualquier tiranosaurio rex, aunque recientemente he leído un estudio según el cual en la Prehistoria las mujeres no se limitaban a amamantar a sus crías y recolectar bayas, sino que se dedicaban, como los hombres, a la caza menor y mayor, así que se ve que los estereotipos son aún más fuertes que la herencia genética y aquello que nos han enseñado durante siglos tiene mayor efecto en nosotros que la propia realidad.



https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/las-mujeres-del-neolitico-tambien-cazaban-_16060

Pero avancemos unos siglos para tratar otro problema que yo veo en la sociedad actual y que puede explicar el avance de esas actitudes retrógradas e ideas desquiciadas: el abstencionismo, que ya no es lo que antes se llamaba activo, sino una inconsciente despreocupación hacia la política. En una sociedad infantilizada de “porque sí, porque no y a mí qué” y un tiempo en el que priman las consignas fáciles y sin matices ni reflexión, no es de extrañar que triunfen las del tipo “todos son iguales”, “todo es una mierda”, “nada importa nada”, “conmigo que no cuenten”… Ciertamente, los políticos –se vistan como se vistan- son personas sensibles a la codicia, la vanidad y demás males que, a menudo, pervierten sus iniciales propósitos; los partidos se convierten con facilidad en aparatos manejados por pocas e interesadas manos; las ideas chocan contra la realidad y muchas de ellas se estrellan y lo hacen dejando víctimas. Pero la política es aquello que determina las vidas de todos y cada uno.

Como dijo uno de los siete sabios de Gracia, Solón, hay mucha diferencia entre un buen gobierno y un mal gobierno, porque la política alcanza a todos. El mal gobierno es una herida con la que “no tarda en agostarse una espléndida ciudad” y hace que la desgracia invada cada hogar, “y las puertas del atrio –advierte- no logran entonces frenarla, sino que salta el muro del patio y encuentra siempre incluso a quien se esconde huyendo en el cuarto más remoto”; ese cuarto oscuro en el que quienes se abstienen de los asuntos públicos creen estar a salvo. Y hay que hacer caso a Solón, porque él fue un político espléndido y su política hizo felices a muchas personas, empezando por todas las familias que vivían esclavizadas por las deudas, que él abolió.

Me pregunto si, como este político, filósofo y poeta hizo, no habría que involucrar más a los ciudadanos eligiéndolos por sorteo, no para estar en las mesas electorales sino en una nueva institución como la que él creo, la Boulé o Consejo de los 400, que se encargaba de preparar las cuestiones a tratar por la asamblea, proponer proyectos de ley y controlar a los funcionarios públicos; institución formada por elección y por sorteo, de la que ningún ciudadano podía ser miembro más de dos veces en su vida y que fue aumentando su poder en detrimento de Areópago o consejo de la aristocracia.

Sí, existe el buen gobierno o “eunomía”, como el de Solón, o el posterior de Pericles, ambos caracterizados –y no por casualidad- por haber avanzado y profundizado en el sistema democrático. Por cierto que recientemente se ha publicado una nueva biografía sobre Pericles (“El ascenso de Pericles”, de Olga Romay), centrada en su ascenso a la vida pública y las personas que estuvieron en su entorno: su padre; los mejores artistas de la época de los que él fue mecenas y que crearon las obras filosóficas, literarias y artísticas por las que aún es famosa Grecia y, sobre todo, su compañera, Aspasia, una mujer culta, inteligente e independiente que era lo más parecido a lo que ahora llamaríamos una mujer liberada. Aspasia tuvo mucho que ver en que Pericles “el Olímpico” se convirtiera en adalid de la democracia y del orgullo cívico, y Atenas en el paradigma de la cultura y la libertad de expresión. Es patente porque, como dijo Kennedy Toole, a un genio se le reconoce porque todos los necios se conjuran contra él, y Aspasia –que además era una extranjera- fue constantemente atacada, ridiculizada y vilipendiada por los conservadores y los cómicos, que vendrían a ser los productores actuales de memes para twitter y whatsapp.

Solón, Pericles, la propia Aspasia (en cuanto consejera de su pareja), son ejemplos de buenos gobernantes y nótese que tienen en común la política hermanada con la cultura, la democracia y la justicia social. Cito un párrafo del famoso “Discurso fúnebre” de Pericles tal como lo recogió Tucídides: “Nuestra política no copia las leyes de los países vecinos, sino que somos la imagen que otros imitan. Se llama democracia. Si observamos las leyes, aportan justicia por igual a todos en sus disputas privadas; por el nivel social, el avance en la vida pública depende de la reputación y la capacidad, no estando permitido que las consideraciones de clase interfieran con el mérito. Tampoco la pobreza interfiere, puesto que si un hombre puede servir al Estado, no se le rechaza por la oscuridad de su condición”.  Y aquí, estamos, reivindicando aún lo mismo que se perseguía hace dos mil quinientos años, y que entonces fue posible y lo es ahora, porque existe el buen gobierno como existe el malo.

martes, 20 de junio de 2023

¿Hacemos un muro o un mundo mejor?

Hoy es el Día Internacional de las Personas Refugiadas. Quien tenga interés en conocer las cifras las puede encontrar fácilmente en Internet. A mí sólo me interesa recordar una: los 450.000 españoles que tuvieron que cruzar la frontera con Francia en 1939. Piénsenlo bien: casi medio millón de personas en un año, huyendo de la guerra y la represión del bando ganador. ¿Se imaginan a ese casi medio millón de personas entrando en España? ¿Cómo les recibiríamos? ¿A palos como, por ejemplo, en Libia o Melilla?,  ¿echándoles los perros y robándoles cuanto tienen, como en Bulgaria?, ¿a pedradas, como en Finlandia?, ¿a tiros, como en Turquía y Estados Unidos?, ¿violando a las mujeres, como en todas partes? España tiene un cupo: acoge a 1.200 refugiados cada año, así que necesitaría más de trescientos años para acoger a ese volumen de personas que en el 39 cruzó Los Pirineos. 

Es importante recordar y, en este caso, tampoco hace falta un gran esfuerzo de memoria, porque hablamos de nuestros padres o abuelos. Más del 20 por ciento de la población española tenemos más de sesenta años, lo que quiere decir que estábamos vivitos y coleando en los años 60, cuando más de siete millones de españoles abandonaron sus pueblos, dos millones de los cuales volvieron a cruzar la frontera hacia otros países europeos, esta vez buscando un medio de vida o de mejorar su vida.

Es importante para recuperar la empatía en estos tiempos de odios y bulos; preguntarse qué haría uno si viera pasar por su calle una hilera de tanques disparando; si viera caer una bomba en la casa de al lado; si derribara la puerta de su casa un grupo de matones armados; si fueran a buscar a tu hijo de diez años para convertirlo en soldado o asaltaran la escuela donde está tu hija para vender a las niñas a un prostíbulo. Parecen cosas lejanas, que no tienen nada que ver con nuestros problemas; pero está sucediendo cerca, en Ucrania; más cerca aún, en el norte de África, y nos sucedió a nosotros.

Refugio. Dice el diccionario que, en una primera acepción, significa asilo, acogida o amparo; en su segunda acepción, lugar adecuado para refugiarse. Me pregunto si hay algún refugio aún para los millones de personas que, a lo largo y ancho de este mundo pequeño e injusto, están huyendo; deben de estar también preguntándoselo ellos, aquellos a quienes el azar situó unos metros más allá de la línea debida.