sábado, 8 de agosto de 2026

Marc Tassoul, el creador de creatividad

 

Suelo citar como norma para reconocer una obra de arte la que me dijo mi admirado Ramón Carnicer: “Tiene que ser ética, estética y ecológica”. En estos tiempos en los que los ecologistas queman los bosques, las vacunas matan y los asesinos de niños y sus cómplices se dicen cristianos, sin reconocer otro dios que el dinero; en los que se llama nazis a las mujeres que defienden sus derechos como seres humanos iguales a los demás y se inyecta testosterona en los hombres que dudan; en estos tiempos en los que los valores que creíamos universales –paz, democracia, convivencia, respeto, igualdad, bondad, compasión, generosidad, solidaridad…- son escupidos con el título de buenismo y los gobernantes alardean de su codicia y falta de escrúpulos; en estos tiempos en los que la inteligencia artificial asfixia la imaginación, nadie tan necesario como el belga Marc Tassoul, ingeniero aeroespacial y profesor de la Universidad Tecnológica de Delft (Holanda) y autor del manual de importancia mundial “Facilitación creativa”. Y, sin embargo, ha fallecido. Por eso me siento impelida a reivindicar la personalidad y obra de una de las pocas personas que convirtió la ciencia en arte, pues además de estética –dedicó sus investigaciones y docencia a promover la creatividad- y ecológica –valor que presidió toda su vida y obra- fue un ejemplo de ética, ya que, además de su labor docente, de sus trabajos como diseñador industrial y de las conferencias que impartió por numerosos países, dedicó años a enseñar a los más pobres a desarrollar su creatividad y utilizarla para ganarse la vida y mejorar, al mismo tiempo, la vida de sus comunidades.

A los habitantes de las barriadas más míseras de Medellín y Bogotá les enseñó que la creatividad se puede aprender, que la fantasía se puede utilizar como una herramienta, no sólo para fabricar nuevos productos sino para crear pequeñas e innovadoras empresas con proyección social y sostenible. De ese modo, a la tríada de Carnicer, él añadió la economía, en lo que llamaba “bienestar sostenible”. Para ello, entre otras cosas, este referente mundial afirmaba que hace falta “escuchar, no tener egos y respetar todas las opiniones”, lo que además de seres imaginativos y emprendedores, nos convierte en mejores seres humanos. “Podemos decir que queremos acabar con la pobreza en el mundo, pero hay que buscar a personas para ayudar y hacer algo por ellos en el contexto en el que se encuentran”; hay que “crear una visión compartida”, “estimular la generación de nuevas ideas pero, sobre todo –porque es lo más difícil- aprender a analizarlas y desarrollarlas”.


“Todo lo que se aprende de él está orientado a trascender y a tener un impacto en los estudiantes, en los procesos y en el entorno”, dijo la vicerrectora de Investigación y Desarrollo Tecnológico de la Universidad Católica del Norte, una de las instituciones en las que impartió talleres para demostrar que las cuestiones más complejas pueden resolverse con amplitud mental y  metodologías participativas.

Tal como señala el Diccionario de las Ciencias de la Educación Santillana, de 1995, el término creatividad es muy reciente, de modo que aún lo es más su inclusión como concepto de estudio y ello, en buena parte, gracias a Marc Tassoul, que publicó la primera edición de su manual hace veinte años, quince antes de que la UNESCO decidiera crear el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible (2021) en atención, entre otros motivos, a que “es un elemento esencial de la vida espiritual, pero también de la vida material y económica de las sociedades e individuos, reconocida como un recurso renovable e ilimitado, que “tiene un impacto en los procesos de cambio transformativo” y puede plantear nuevas oportunidades para crear el mundo que queremos, uno más equitativo e inclusivo, para no dejar a nadie atrás y no dejar a nadie afuera, como preconiza la Agenda 2030.

Tuve el lujo de contar con la amistad de Marc Tassoul durante treinta y cinco años y puedo decir que su personalidad era coherente con su obra, pues estaba dotado de tanta imaginación como generosidad y sentido del humor. Amante del aeromodelismo y del jazz, excelente músico; admirador de la cultura hispana, siempre mantuvo vivo, dentro del profesor adulto e intelectual, al niño alegre, inquieto, libre de prejuicios, capaz tanto de conmoverse ante las injusticias del mundo como de mantener la esperanza… ¡el niño que dibuja Bansky en sus murales! Pues en estos “malos tiempos para la lírica”, aun comprendiendo a Brecht cuando se confesaba incapaz de mostrar su “entusiasmo por el manzano en flor” mientras resonaban “los discursos del pintor de brocha gorda”, Marc Tassoul podía ver “la gigantesca red del pescador”, pero también “las barcas verdes y alegres velas” en el mar.




domingo, 2 de agosto de 2026

Nüremberg y la prioridad nacional

 


Hace unos días mi admiradísima escritora Arundhati Roy publicaba un amplio y optimista artículo de opinión sobre el movimiento de las cucarachas. Recordemos que este movimiento empezó con un comentario del presidente del Tribunal Supremo de la India llamando “cucarachas” a unos jóvenes indios en paro. Un estudiante hindú residente en Bostos, Abhijeet Dipke, comentó en Instagram: “¿Y si todas las cucarachas se unieran?”. Respondieron millones de personas, que crearon el Partido Popular de las Cucarachas, pidiendo la dimisión del ministro de Educación por permitir que, de forma habitual, se filtren los exámenes públicos, destrozando la vida de millones de jóvenes que pasan años preparándolos y las familias que, a menudo, han tenido que vender sus tierras o su casa para financiar esos estudios y pagar las tasas del examen. El pasado 20 de julio, a pesar de todas las trabas y amenazas gubernamentales, decenas de miles de jóvenes consiguieron manifestarse: “Musulmanes, hindúes, cristianos, sijs, budistas, personas de todas las castas y clases sociales, nos mostraron, nos demostraron, la India posible, la hermosa India de nuestros sueños”. La brutalidad policial con la que fueron enfrentados (más de sesenta heridos) despojó al Gobierno de su guante de terciopelo y dejó al descubierto su puño de hierro, “un puño de hierro fascista. Una confederación de brutos sin capacidad de comprender la historia ni la diversidad del país que gobiernan. Gente que solo sabe odiar, pero que no tiene ni idea de lo que es amar. Ni pensar”. El movimiento consiguió la dimisión del ministro de Educación, pero sus aspiraciones van más allá: denunciar, en palabras de Dipke, un país en el que “todo depende por completo de la religión, la casta, la clase social, el origen étnico y el sexo de cada uno”.

La última y miserable disposición del Gobierno de Modhi es la Ley de Enmienda de la Ciudadanía, que Roy define como “la versión del nacionalismo hindú de las Leyes de Núremberg aprobadas en 1935 por la Alemania nazi, mediante las cuales el Tercer Reich concedía la ciudadanía a los alemanes en función de sus Certificados de Origen”. ¿Es la ley de prioridad nacional su futura versión española?