miércoles, 28 de octubre de 2009

Las madres, ¡al hoyo!

Bambi se queda sin madre, en una escena que a más de a uno nos ha dejado traumatizados de por vida, y a partir de ahí el cervatillo crece, madura, se aparea, establece una relación provechosa con su padre... en fin, que da la impresión de que la orfandad le vino estupendamente. Lo mismo le pasa al zorrito de Tod y Toby, a la protagonista de La isla de Nim, a la de Volando libre, a Nemo (Buscando a Nemo)... Si hay un personaje difícil de encontrar en una historia infantil es la madre del "prota", ya sea en los cuentos clásicos (Cenicienta, Blancanieves, Hánsel y Grétel, La sirenita, La Bella y la Bestia...), en los cuentos y películas no tan clásicos (Anni, El libro de la selva, Sonrisas y lágrimas...) o las más recientes (Lilo y Stitch, La Edad de Hielo, Cásper, El oso, Dos hermanos, La princesita, La niñera mágica...), en algunas de las cuales, eso es verdad, tampoco hay padre.
En menor medida, existe la variante en la que la madre existe... pero mejor que no existiera, que yo creo que es una revisión del clásico papel de la madrastra, como la madre pendona de Arthur y los Minimoys, o la de Robots. Ésta última es el "sumum". Os resumo por si no habéis visto la película, que empieza con el emocionado padre (sí, el padre) llevando a casa en una caja las piezas con las que él mismo montará a su hijo, de modo que le arrebata a la madre incluso la función de procrear. Continúa con los consejos del padre y el viaje que el robot emprende, gracias al permiso paterno y a pesar de la resistencia materna, para perseguir su sueño y bla, bla, bla; y termina con el hijo haciendo su sueño realidad y consiguiendo, de paso, que su padre haga realidad el suyo (la madre, obviamente, no tenía sueño alguno o nadie la preguntó).


En una interpretación benévola, pudiera pensarse que se prescinde de las madres para que los protagonistas puedan meterse en líos y, por tanto, para que haya historia. Pero si es así, escritores y guionistas dan por hecho que el papel de una madre se limita a la protección (de todo mal y de todo bien) y, puesto que "bien está lo que bien acaba", cabe pensar que bajo el amparo materno nunca llegarían a donde, final y felizmente, llegaron. En una interpretación aún peor, me pregunto si escritores y guionistas son, mayormente, misógenos, a causa de una madre castrante o un divorcio traumático.
No sé... pero el fenómeno es tan llamativo que algún motivo tendrá. Desde luego, mi hija mayor, cada vez que vamos a ver una película, me pide que deje de fumar y me prohibe morirme... ¡y eso ya antes de que la película comience!