viernes, 6 de marzo de 2026

Patriotas vs lameculos





Vivimos malos tiempos para la coherencia. Cuando yo era joven, era importante. “Hay que ser consecuente” era una frase muy repetida y asumida hasta su deformación porque se utilizaba para reproches absurdos, como “los que somos de izquierda no podemos llevar ropa cara” o “los ecologistas tenemos que ir en bici”. Había gente que exigía ser consecuente hasta sus últimas consecuencias… si se me permite el juego de palabras. Ahora también se utiliza, pero no como exigencia de quienes piensan parecido a ti sino como auto justificación de quienes piensan lo contrario; por ejemplo, los partidarios de “consume y contamina cuanto puedas” le reprochan a Greta Thunberg que no viva como una eremita. En todo caso, se le está dando tan poco valor a esta cualidad, que se exhibe su ausencia sin el menor sonrojo. 

En todas las intervenciones y apariciones de los líderes ultras aparecen tres principios claramente definidos: la virilidad, el patriotismo y la religión. No comparto ninguno de ellos, pero sí esperaría algo de coherencia en sus defensores. Y he aquí que el Aznar-Cid Campeador y el Abascal-soldado de los Tercios se dedican a lamer el culo (no hago sino utilizar las palabras textuales de Trump) de un presidente que ataca constantemente a España y a los países hispanoamericanos –incluso ha dicho que el personaje histórico al que más admira es a Mac Kinley, el que “robó” a España sus últimas colonias-, en tanto su gran enemigo, el presidente español, muestra una impresionante valentía al oponerse al villano macarra que está incendiando el mundo y arrasando leyes y derechos y reivindicando la soberanía sobre nuestro territorio, incluida Rota. Respecto al patriotismo… están dejando claro que los intereses de España, amenazados por la política de Trump y por las consecuencias de las guerras que provoca o alienta (el robo del petróleo de Venezuela, los aranceles, el bloqueo del estrecho de Ormuz…) les dan igual. Es más, tienen la desfachatez de erigirse en líderes de los campesinos a pesar de que el cambio climático que ellos niegan es el causante de que se les inunden los campos o que haya cientos de pueblos que ya no tienen agua potable. Y respecto a la religión, es imposible saber cuál es la que profesan, pues no les gustaba el Papa Francisco y tampoco les gusta el actual, pero aún menos el mensaje de Jesús sobre el que se fundó la religión católica, un mensaje de amor, paz, hermandad y tolerancia: ¡con quienes se confiesa esta gente que aprueba la matanza de inocentes, el bombardeo de escuelas y hospitales, el exterminio de niños! De todos modos, la civilización occidental que defienden frente a la posible influencia de los musulmanes, no tiene nada que ver con la religión católica, que surgió en Oriente en el seno del pueblo judío, sino con la democracia, que ellos menosprecian y destruyen. 

Ni siquiera hay coherencia entre quiénes son estos personajes y sus referentes. Al menos Hitler escuchaba a Wagner, en tanto Trump se queda con Village People y Abascal con Los Meconios. Como su idolatrado Franco, nuestro aspirante a reyezuelo tiene la misma capacidad de crueldad de todos los grandes dictadores, pero en formato ridículo.