miércoles, 20 de enero de 2016

Ubicumque eris, tecum ero


Aquí estás tú
abrazándome con manos de viento
y aquí estoy yo,
rodeada de ti como una isla.
Aquí estás,
cincuenta y siete años después de sentir el primer frío
y el primer abrazo;
veintiocho después de nuestra primera primavera,
mil cuarenta y un días, casi noventa millones de segundos
desde que me diste tu alma y calentaste mi cuerpo
por última vez.
Aquí estoy, alimentada de agua y ceniza,
sola,
mirando tu rastro en el presente para no ahogarme de pasado:
la sombra de las nubes en el agua
y el brillo deslumbrante de las olas...
Aquí estás, donde yo esté, y dondequiera que estés,
estoy contigo.