jueves, 15 de noviembre de 2012

Ocho meses d.T.




Así cuento el tiempo. Antes de ti. Después de ti.
Hubo un tiempo antes de que aparecieras, otro desde que desapareciste.
Como Cristo.
Cuando lo único importante
fue el tiempo contigo.

Tú y yo éramos dos y más.
Con mis afanes sudabas, con tus heridas sangraba yo.
Ni dios quiso ser uno. Y era trino.
Sin ti
soy sólo la unidad

unidad sin arraigo.
Tenía dos raíces
y la que perdí hace tiempo.
Ahora tengo dos brotes que alimento con sal.

Después de ti. La magia
acabó en tragedia.

Estoy desnuda en la nieve, plantada en el desierto.
Un río sin luna, un cielo vacío, la mar opaca.
Por qué. Por qué.
Por qué.


La noche me envuelve como las alas de un murciélago.

Camisas, colonias, calzoncillos,
reúno tus despojos como piezas de un puzzle imposible.


Todo parece encajar.

Los días con las noches, las sombras y los soles.
Todo parece encajar, menos lo que importa.


El ying y el yang, seno y la mano, el seis con el nueve, la risa y la danza.

Todo parece encajar.
Pero no encaja.