domingo, 27 de marzo de 2011

"Las escopetas cantan", artículo de Eduardo Bajo

 Recordamos las reses asilvestradas que, muertos los amos,
recorrían los campos de la Cabrera. En noches como ésta, a la luz de
la luna, entraban en las cuadras para cubrir a las vacas que desde su
mansedumbre soportaban los envites del toro. Pero el hombre, de
atávica envidia ante la libertad de aquellos animales, entró en acción
y la Junta arbitró los medios para su erradicación; y hasta tal punto
que no se supo si fueron incinerados o convertidos en comida para
perros. Sospecho, más bien, que fueran a parar a la mesa de alguna
cuchipanda, en forma de rôti.
        Pero las escopetas, vuelven a silbar. La Junta, como otro
caramelo para los cazadores, autoriza una batida de lobos ibéricos,
siendo el lobo un referente de nuestra cultura leonesa, nuestras
leyendas, filandones y paisajes. Frente a esto, lo que debería asumir
la administración regional, es pagar con prontitud los daños que éstos
y otros animales, protegidos como el oso pardo, pudieran ocasionar en
la cabaña u otros bienes.
        El último episodio de muerte que ha tenido en ascuas a la
vecindad de León ha sido bien triste, aun cuando resulte difícil de
explicar en una ciudad que se ha formado con gente guapa que ha huido
del campo y no ha perdido del todo el pelo de la dehesa -ayer en el
muradal, hoy con dos o tres baños y, como mínimo, un aseo-. Andaba el
personal horrorizado. "Se ha escapado un toro" -se oía- "no salgan de
casa". Alarma general.
        Pero el susodicho toro, era un jato, al que apenas le habían
bajado los testículos y con unos incipientes pitones. Una soga hubiera
bastado para reconducirlo al matadero, a la cita con su fatídico
destino. Pero no. Había que hacerlo en plan hollywoodiano: coches de
policía, persecuciones por las calles, acorralamiento y. preparen,
apunten,¡fuego! A este paso y a falta de otra cosa, cualquier día la
Junta abrirá la veda para disparar a los toros de Osborne que
flanquean las carreteras. Hace falta valor.