martes, 20 de abril de 2010

El calamar vampiro gigante

El periodista Matt Taibbi definió, en la revista Rolling Stone, al banquero Goldman Sachs, como "un gigantesco calamar vampiro que envuelve a la humanidad y succiona sin piedad dondequiera que encuentre algo de dinero". La definición me parece muy acertada para este tipo que preside el cuarto banco más poderoso, que ha "nombrado" y sigue nombrando a todos los presidentes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y que acaba de ser acusado (él no, su banco, en el que ya ha encontrado a un chivo expiatorio) de engaño por la Comisión de Valores poco después de haber afirmado eso de que "los banqueros hacemos la obra de Dios en la tierra" y mientras, en este trimestre, duplicaba sus beneficios (los suyos, no sé los de Dios); pero, por extensión, también me parece una definición acertada para todos los banqueros; acertada, aunque incompleta, porque podrían añadirse muchas otras imágenes y calificativos, entre ellos un inveterado cinismo. En unas declaraciones que escuché por la radio pero no he conseguido escontrar por escrito, el presidente de la CECA decía hace poco, instando a una urgente reforma laboral, que el sistema financiero, "que ha sido puntal en la recuperación de la crisis" podría, en caso contrario, dejar de serlo. Así que este hombre, el mismo que achaca a la sociedad vivir en "un mundo de osos amorosos" y ser incapaz de afrontar sacrificios, se atreve a decir ya a las claras lo que, de otro modo, llevan ya tiempo vendiéndonos: que los bancos no han sido la causa de la crisis sino el puntal de la recuperación. Y van consiguiendo que el mensaje cale, porque yo ya hace tiempo que no oigo a nadie maldecirlos; las críticas a la forma en que el Gobierno maneja la crisis (en mi opinión, no todas con el mismo fundamento) parecen haber convertido a éste en el propio causante de la crisis, dejando a los banqueros en un segundo plano en el que se les escucha como a "expertos", "profesionales" o, en fin, personas dignas de crédito; lavan su imagen a toda prisa, aprovechan el caos que han causado para llenarse los bolsillos más que nunca y vuelven a decir a los políticos lo que tienen o no que hacer sin el menor sonrojo.