jueves, 22 de octubre de 2009

Gaitas Gamadas

Oigo el anuncio de un "campiunatu" de bandas de gaitas que convoca el inefable concejal leonesista Abel Pardo, concejal de "incultura leonesa" o de "incultura general", si se juzga por el contenido de su magna obra: la polémica Llionpedia.
El campeonato me recuerda el primer escándalo en la gestión de este tipo (aunque su repercusión fue, en mi opinión, demasiado llimitada) al decidir, de forma totalmente arbitraria, que la dulzaina que todos los leoneses y nuestros progenitores hemos oído en cualquier fiesta popular acompañada del tamboril, es un instrumento castellano, en tanto que la gaita es leonesa, de modo que suprimió los cursos de dulzaina de la Escuela Municipal de Música para sustituirlos por los de gaita.
Esa forma chusca de tocarnos la gaita a los leoneses no fue sino la confirmación de la sospecha de que la pretensión de este personaje al crear la Concejalía de Cultura leonesa era, en realidad, la de crear la propia cultura leonesa, inventársela cual padre de la nación leonesa, que es, seguramente, el título que persigue.
Después vino la obsesión por difundir el "lliunés", lengua que, en buena parte, también se han inventado él y sus amigos, para culminar en la Llionpedia, un instrumento para difundir la lengua leonesa y, de paso, la ideología nazi.

Me fascina esta relación, pero no me sorprende. Recuerdo cuando la izquierda se definía como "internacionalista", un concepto que era algo así como la versión laica de la fraternidad universal, mientras la derecha era nacionalista, ultranacionalista o nacionalsocialista. En el fondo, creo que eso sigue siendo así. El nacionalismo es la exaltación de la diferencia (no el respeto), de lo particular, de lo propio, frente a todo lo demás.
Desde el respeto a todas las lenguas, como parte del patrimonio histórico y cultural (incluidas las extintas, como el latín, el griego clásico o el romance), es obvio que la lengua no tiene otro sentido que facilitar la comunicación y, por ende, me resulta absurdo que se promueva una lengua local que ya nadie utiliza, que no ha legado literatura escrita y que, en el mejor de los casos, serviría para una comunicación más que limitada, porque nadie la estudiaría fuera de León.
Detesto las exaltaciones tanto como valoro el respeto; es la diferencia entre que a una le gusten las palabras y expresiones locales (mi madre utiliza muchas y son fascinantes por lo onomatopéyicas que resultan: estrascamundiao, por ejemplo, no me digáis que no es precioso pare describir algo lejano o perdido) y que se empeñe en resucitar a un muerto sólo porque es nuestro; o que a una le guste la música de gaita (sobre todo si es mi hermano el que la toca) y que la promueva como algo valioso sólo porque es, presuntamente, algo propio, frente a otro instrumento presuntamente ajeno.
Pero lo que más me alucina es estos momentos es que ese peligroso concejal, que ya ni siquiera es apoyado por su partido, siga contando con el apoyo del alcalde, supuestamente socialista. 


¡C
E
S
E


Y
A!